Proyecto fin del mundo… ¡estamos en sus manos!

¿Qué harías si un día despiertas en medio de la nada en la infinitud del universo?
Ahí no hay viento, no hay calor del sol, lluvia ni atardeceres; tus compañeros de tripulación no soportaron el coma inducido para viajar años luz a otra galaxia y te encuentras solo. Apenas recuerdas cómo llegaste ahí y tu único vínculo con tu planeta de origen, la Tierra, son los objetos preciados de los tripulantes que no sobrevivieron y una sala inmersiva donde puedes proyectar todo tipo de ambientes terrenales para sentirte un poco cerca de casa.
Eso vive el personaje de Ryan Gosling en la película Proyecto fin del mundo (adaptación del libro de Andy Weir Project Hail Mary), ya disponible hoy en cines, una misión para salvar a la humanidad de una materia que está acabando con la luz del sol. Es una experiencia que el actor vivió casi como si fuera real al filmar prácticamente en solitario, lo que le permitió entender que hay que mirar al cielo más a menudo.
“Algo que dice Andy Weir en el libro es que las malas noticias son las que suelen aparecer más en el mundo, pero alguien puede caerse en la calle y cinco personas lo ayudan, y eso no se reporta. Él cree mucho en la humanidad, en nuestra capacidad de hacer lo imposible y de apoyarnos. Eso está en la película. No es el tema principal, pero sí está presente en cómo te hace sentir la historia. A mí me conmueve mucho trabajar con su narrativa, porque me gusta la forma en que ve el mundo”, expresó Ryan Gosling a Excélsior.
En el proceso para crear a Ryland Grace, el protagonista de la historia, el actor también descubrió fenómenos del universo y la labor de personas que no suelen estar bajo los reflectores, pero que se encargan de intentar que el mundo no se desmorone ante la ambición humana.
“Me encanta estar con lo que llamo ‘gente del espacio’. Como cuando estuve con la NASA. Hay algo muy inspirador en ellos. Ojalá entendiera todo eso más profundamente. Siempre pienso que haré una película y entonces lo entenderé… pero nunca pasa.
“Pero no me hace sentir insignificante; al contrario, me hace sentir parte de algo enorme, especial, misterioso y hermoso. Por ejemplo, conocer que la luz de las estrellas que vemos ha viajado millones de años para llegar a nosotros. Tal vez esas estrellas ya ni existen, pero seguimos viéndolas. Es difícil de comprender, pero es algo que te cambia”, descubrió Ryan.
El hogar es cualquier lugar donde uno sienta pertenencia
Los directores del filme, Phil Lord y Christopher Miller —conocidos por la saga animada de Spider-Man con Miles Morales—, entendieron que, al igual que a ellos en su profesión, el protagonista se encuentra lejos de casa, pero es en ese aislamiento donde encuentra su verdadero hogar.
“En la película, el hogar para Ryland Grace es donde está Rocky (el alienígena que conoce en su aventura). Nosotros como cineastas creo que sentimos lo mismo. Este trabajo te lleva por todo el mundo. Filmamos en Londres, pero cuando mi familia estaba ahí, se sentía como en casa. Cuando no, era sólo un lugar que visitaba.
“El hogar es donde tienes comunidad, donde puedes ser tú mismo. No es un lugar geográfico; Andy Weir imaginó que cualquier especie capaz de viajar al espacio tendría que ser social, porque nadie podría lograrlo solo”, explicó Phil Lord.
Además, intentaron transmitir la fascinación de Weir por el cosmos, desmitificando el peligro inminente que la ciencia ficción suele otorgar al universo.
“No queríamos mostrar que en la Tierra todo es bello, sino enfatizar que el clima terrestre no siempre es agradable; no hay cielos azules ‘perfectos’, queríamos mostrar la atmósfera y la sensación de que el planeta está vivo.
“Tampoco queríamos mostrar el espacio como algo hostil. Muchas películas tratan de alguien solo que quiere volver a la Tierra. Esta es sobre alguien solo en la Tierra que se siente más en casa en el espacio con su nuevo amigo. Queríamos que el espacio se sintiera como el lugar donde vivimos, porque la Tierra está en el espacio”, compartió Miller.
Para los realizadores, el objetivo era recuperar la atención en el entorno y las relaciones personales a través de la pantalla grande.
“Nos encanta que esta película sea algo muy íntimo y muy grande al mismo tiempo. Cuando conectas con alguien y sientes que serán compañeros de vida, sientes que pueden enfrentar cualquier cosa. Ese es el sentimiento que queríamos transmitir. La grandeza no significa nada si no te importa. Lo que realmente importa son esos pequeños momentos que permiten crear relaciones”, concluyó Miller.
Con información de Excelsior.
